ECHO: MI ÚNICO DESEO (La caza del unicornio).
Un proyecto de Susana Ibáñez y Antonio Cadenas















Vistas de la exposición en VASE en Galería Nueva Atocha, Madrid, 2025.
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El proyecto fotográfico expositivo creado exprofeso para Vase ECHO consta de una instalación escultórica de 2 m altura y 2,5 m ancho, rodeado por el cerco de cañas que se complementan con 2 fotografías impresas en gran formato (1×1’50 m ) y un políptico de 12 fotos de 40 x 60 cm. La impresión de fotografías en papel Ilford Superior Graphir Matt 180gr se ha realizado en Foto Supra Sevilla.
ECHO: MI ÚNICO DESEO
VASE en Galería Nueva Atocha, Madrid, 2025
La caza del unicornio
Susana Ibáñez y Antonio Cadenas
Esta propuesta se articula en torno a la figura del unicornio como dispositivo mágico activador de imaginarios. A primera vista, podría parecer una figura dócil, pero existe en ella una tensión latente, una forma de resistencia. Como figura propia de los gabinetes de curiosidades, lo que aquí se muestra no es tanto un objeto híbrido como una relación entre lo real y lo imaginado.
Históricamente perseguido, el indómito unicornio suscita la pureza de aquello que no puede ser poseído aludiendo a lo inalcanzable y al espacio que ocupa lo que queda entre lo natural y lo artificial. La obra desplaza la mirada desde la propia captura, como acto revelador, hacia la imposibilidad de lo permanente, en alusión a la caza de esa utopía imposible llamada felicidad.
La instalación, concebida como una suerte de Wunderkammer expandida, propone un sistema de relaciones con el ámbito natural más que una narrativa lineal. El cuerpo del animal se presenta híbrido y vulnerable. Anteriormente solo aparecía contenido físicamente en una estructura precaria artesanal que remitía a arquitecturas y estructuras de cuidado. Sin embargo, esa contención nunca es total. Aquí en su libertad se insinúa una inestabilidad constante, un equilibrio frágil entre control y desborde, aludiendo al desequilibrio que provoca lo liminal.
La colaboración con el fotógrafo Antonio Cadenas, se traslada la figura al paisaje exterior, un territorio abierto, donde el unicornio se muestra en la naturaleza como una mágica aparición. Allí, lejos del espacio de contención, su cuerpo se disuelve en el paisaje y se vuelve rastro o evidencia de lo sobrenatural. Esta caza del unicornio, que se presenta en forma de documento fotográfico en gran formato, se transforma entonces en una búsqueda constante de la esquiva figura. Una deriva donde lo que está en juego no es la captura sino la posibilidad de imaginar y ver nuevas formas de entender y apreciar lo inalcanzable.
Lejos de ofrecer respuestas cerradas, la obra se presenta en un lugar natural suspendido en el tiempo. Un espacio donde lo inasible no se resuelve, sino que al menos se manifiesta de forma visible. En un esquiva y frágil danza tan simbólica como onírica.