Coleccionar, clasificar, organizar, catalogar. Como una suerte de mecanismo de defensa que me ayuda a digerir imágenes, aferrándome a la ilusión de habitar un microcosmos controlable. Imágenes “curiosas” y objetos “maravillosos” de diversidad polisémica y libertad asociativa. Ya sean reales o ficticios, extraídos de internet o de mi memoria familiar, siguiendo una dinámica acumulativa propia de los gabinetes de curiosidades o cámaras de las maravillas. Parcelas aisladas y privadas, de ordenación heterodoxa y desacomplejada del conocimiento, regidas por el gusto del “colector”. Sin miedo a lo ingenuo ni al tópico, pero no sin aspiraciones cientifistas. Proto-museos donde convivían objetos de la procedencia más dispar, en una armoniosa, poética y subjetiva combinación, en los que reinaba un caos “organizado”. La versatilidad de estos espacios de carácter heteróclito, aparentemente desordenados y fuera de la norma me resulta apasionante. Ya sea por la capacidad de evocar poéticamente los significados más dispares, por el factor sorpresa que encierran, por su estética transgresora, por resaltar la cualidad de maravilla de un objeto, por su dimensión espacial, entendida como un microcosmos, o por la desacralización o pérdida del aura de los objetos en su absoluta proximidad, aludiendo al poder de creación del desorden y la yuxtaposición. Reivindico los gabinetes como iconos de la “otredad” no normativa, símbolos de la decadencia de métodos de organización museística decimonónicos y de la regularización del “gusto” basada en el poder establecido.
Organizo colecciones privadas establecidas fuera de la norma, donde cabe todo lo que queda más allá del “museo” normativo y de los sistemas reduccionistas, binomiales, patriarcales, represivos y obsoletos que castigan sin el laurel del triunfo de la memoria a los colectivos periféricos. Lo bizarro, entendido como raro, también es una constante subyacente en mi producción. Exploro los límites que existen entre lo “natural” y lo “humano”, construcciones culturales de fronteras farragosas y de delicada clasificación. Cuestionando la falacia de la normalidad, construida por contraste con lo feo y lo raro, llegando en sus casos más extremos a lo “freak”. Lo monstruoso y lo abyecto también son conceptos sobre los que reflexiono en mi obra, reivindicándolos como contrarios a lo “humanamente normal” en el proceso de alteridad que se genera cuando lo normal se contrapone a lo abyecto, en una dinámica donde la dignidad desaparece. De-construir la manida figura del “artista” de buena “mano”: loco, demiurgo, airado y ensimismado, de género masculino y heterosexual, es también una temática recurrente en mi trabajo. Ya sea dando cabida a las penurias por las que pasa el artista outsider, no coronado por el éxito y que queda relegado al limbo de la cuneta del arte, o bien ironizando sobre la buena mano de los grandes creadores.