Mi único deseo

Sobre el cuerno de unicornio de Rodolfo II

La presencia del unicornio desde la Antigüedad clásica ha sido una constante en la iconología de la historia del arte. Así lo atestiguan piezas extraordinarias como los tapices La dama y el unicornio y La caza del unicornio, además de obras literarias coetáneas, por ejemplo: De Basilisco, Unicornu, Phoenice, Behemoth, Leviatan, Dracone, Ara- neo, Tarantula et Ave Paradisi, Dissertationes Aliquot, de Georgius-Caspar Kirchmaier (1669).

En los tapices de La dama y el unicornio, considerados una de las obras cumbre del arte medieval —en particular el titulado À mon seul désir—, la enigmática dama aparece flanqueada por esta fantástica criatura y por un león. Esta escena ha dado lugar a múltiples interpretaciones y existe cierto consenso en que podría aludir a los cinco sentidos y, en concreto, a un posible sexto sentido (el “único deseo”), evocando el mundo interior, el corazón, los sentimientos y las emociones.

Durante la Edad Media el unicornio destacó por su ambivalencia, que lo convertía en un atractivo reclamo por su dualidad de fiereza y pureza, simbolizada esta última por su color blanco, asociado a la inocencia, la virtud y la virginidad. Según las leyendas medievales, el unicornio era un animal indómito, de carácter salvaje, que sólo podía ser capturado -y por tanto cazado- situando a una joven virgen sola en el bosque como señuelo, ya que el unicornio era atraído por su olor. Esta referencia remite directamente a las connotaciones sexuales atribuidas al cuerno de unicornio, vinculándolo con la literatura grotesca de la época, tal como lo describe el propio Museo de Cluny.

Jean Clair, comisario de la exposición Melancolía. Genio y locura en Occidente (2005), afirma que Rodolfo II poseía en su gabinete un ejemplar extraordinario de cuerno de unicornio. Según el propio Clair (2005), en realidad este cuerno era un colmillo en espiral del narval ártico —conocido popularmente como «unicornio del mar»— al que se le atribuían poderes curativos desde la Antigüedad, gracias al mito creado por Ctésias de Cnido. Este mito fue adoptado en el imaginario cristiano medieval, donde el unicornio pasó a simbolizar la limpidez espiritual, la castidad y la virginidad.

El cuerno de narval se popularizó en las cortes europeas por su supuesta capacidad de curar todos los males y otorgar felicidad eterna a quien lo poseyera. Por este motivo, Rodolfo II sucumbió a su atractivo y lo integró en su gabinete, denominándolo unicornio verum (cuerno de unicornio verdadero), para diferenciarlo del abundante comercio de colmillos de narval, capturados por los vikingos y vendidos por los daneses en la época. Debido a su rareza y a los poderes que se le atribuían, el cuerno de unicornio fue uno de los objetos más caros y preciados de los gabinetes de curiosidades. Según Clair (2005), este ejemplar fue legado por testamento de Maximiliano II —padre de Rodolfo II— a su hermano Fernando II del Tirol, con la premisa de que permaneciera en propiedad de los Habsburgo «hasta el fin de los tiempos». Sin embargo, el emperador Rodolfo II, aquejado de profunda melancolía, solicitó insistentemente su posesión y finalmente lo obtuvo en 1597.

El cuerno era muy valorado por sus supuestas virtudes terapéuticas: curar la epilepsia, neutralizar los efectos del envenenamiento y aliviar la melancolía —un mal común en la época, comparable a la depresión o la ansiedad actuales—. Finalmente, esta legendaria pieza fue colocada solemnemente sobre una tabla verde en el centro de la colección de Praga, convirtiéndose, gracias a sus cualidades mágicas, en el talismán de la monarquía, según los testimonios de la época.

El inventario del gabinete, realizado entre 1607 y 1611, indica que el cuerno se conservaba en su tamaño original. Sin embargo, en una acuarela realizada por Daniel Fröschl —autor del inventario, anticuario y antiguo miniaturista de los Médicis—, este aparece mutilado, posiblemente para ser utilizado con los fines curativos y mágicos propios de la medicina melancólica, como señala Clair (2005). En efecto, se ha constatado que en esa época el colmillo de narval se utilizaba como remedio contra la melancolía hipocondríaca y se molía para elaborar mejunjes y brebajes con efectos afrodisíacos y relacionados con la virilidad, tal como se describe en La anatomía de la melancolía (1621) de Robert Burton (citado en Clair, 2005, p. 180).

Thijs Demeulemeester destaca que durante el Renacimiento europeo se desató una auténtica fiebre por el unicornio, centrada en su cuerno —conocido como alicornio— al que se atribuían poderes mágicos. Esta fascinación, alimentada por el comercio de colmillos de narval y el interés por lo exótico, llevó a que dichos objetos fueran incorporados en los tesoros de importantes templos cristianos, como la Abadía de Saint-Denis, la Catedral de St. Paul, la Abadía de Westminster y la Basílica de San Marcos. En Saint-Denis, por ejemplo, el cuerno se sumergía en agua para producir «agua de unicornio», empleada con fines medicinales. La mística benedictina Hildegarda de Bingen (1098-1179) sostenía que no solo el cuerno, sino todo el animal poseía propiedades terapéuticas.

El alto valor simbólico y económico del alicornio lo convirtió en una pieza codiciada por los coleccionistas de la época, y en la joya más valiosa de cualquier gabinete de curiosidades. Los gobernantes de prestigio aspiraban a poseer uno, cuyo precio podía alcanzar hasta diez veces su peso en oro. Según Demeulemeester, en 1660 el erudito Johann Frederick Hubrick afirmaba que prácticamente todos los monarcas y príncipes habían poseído o contemplado un cuerno de unicornio, considerado entonces un verdadero tesoro (Demeulemeester, 2017, pp. 144-145).

Susana Ibáñez
Extracto de tesis doctoral, 2025

Referencias:

    • Clair, J. (2005). Mélancolie. Génie et folie en Occident. Exposición celebrada en las Galerías Nacionales del Grand Palais, 10 de octubre de 2005 – 16 de enero de 2006.
    • Kirchmaier, G.-C. (1669). De Basilisco, Unicornu, Phoenice, Behemoth, Leviatan, Dracone, Araneo, Tarantula et Ave Paradisi, Dissertationes Aliquot.
      Museo de Cluny. (s.f.).
    • La dama y el unicornio: À mon seul désir, entre 1484 y 1500, Museo de Cluny, París.
    • Demeulemeester, T. (2017). Wunderkammer Exotica: An exotic journey through time. Lannoo.