La representación de la Magdalena resulta muy inquietante, por un lado, alcanzó un gran éxito en el siglo XVI y XVII por ser ejemplo del arrepentimiento del pecado, pero también resulta curioso por lo permisivo del tema, había una buena excusa para poder representar un cuerpo de mujer hermoso, semidesnudo, en una cueva, cubierta con un paño carmesí. Representación que no deja indiferente a nadie y que muestra cierto aire lascivo, lujurioso, en pleno éxtasis. Podemos observarla a oscuras, en su cueva, semidesnuda, expiando sus pecados, somos unos voyeurs en una suerte de pasaje de Susana y los viejos.
Tintoretto, Tiziano, Giordanno, Ribera, el Greco o Bartolomé Esteban Murillo se nutrieron de esta iconografía enriqueciéndola: mayor desnudez, fogosidad de su cabello, generosas carnes, toda una fiesta carnal. Es curioso que aunque hablemos de una penitencia o castigo, la Iglesia parece gozar y regodearse en ello. La mirada masculina posee desde siempre al cuerpo de la mujer y lo maneja según su antojo. Y va más allá, también puede acceder a su cuerpo a través de la prostitución, y esta es la punta del iceberg de un sistema machista, desfasado y patriarcal cuyas estructuras son retrógradas e involutivas. Donde queda muy bien estipulado quién tiene el poder y quién se doblega ante él. Convertir a una antigua prostituta en un santa penitente no es sino un paso más de una iglesia que desde siempre ha sabido canalizar los pecados y las costumbres paganas de forma moralizante, sacándole la mayor de las rentabilidades. De pública pecadora a Santa. La mujer constituye el origen de todos los pecados carnales y cuando es mala, es la más mala. La mujer es siempre culpable y, como tal, siempre es merecedora de las más duras de las críticas y castigos.
La prostitución es un sistema mayoritariamente marginal, que afecta a mujeres muy pobres, en dinámicas interseccionales, que caen en redes de las que no pueden escapar fácilmente y en las que entran engañadas o como último recurso para subsistir (con pocas excepciones). Aún así, una prostituta es culpable, pecadora, sucia, libidinosa, indigna, etc. Eva y su manzana, un trocito perverso y sucio nacido de la costilla de Adán. Un ser al que hay que reprimir y castigar por el bien de la humanidad y la estabilidad de la comunidad y por lo rentable que le sale al patriarcado que se dedique a los cuidados, que siempre esté a disgusto con su cuerpo, que nunca ocupe cargos de poder (aunque esté más preparada), que sea sumisa y callada, que renuncie a sus objetivos, que trabaje gratis (vuelvo a los cuidados) o por menos dinero, porque está biológicamente capacitada para ello. Una gran mentira que sale muy rentable y de la que cuesta escapar, por ser educacional, cultural y calar hasta el tuétano, en una suerte infinita hipnopedia adoctrinadora. Y es que, aunque María Magdalena acabara siendo una santa, siempre será una puta.
Medidas: 40×30 cm
Técnica: Gouache sobre papel caballo.
Año: 2018